UNA CITA CON LA HISTORIA. Francisco de Miranda y la revolución francesa

With friends and family standing behind him, Kentucky State Rep., Republican Dan Johnson addresses the public from his church on Tuesday, Dec. 12, 2017, regarding allegations that he sexually abused a teenager after a New Year's party in 2013, in Louisville, Ky. Johnson says a woman’s claim that he sexually assaulted her in 2013 has no merit and he will not resign. (AP Photo/Timothy D. Easley)

William Villareal

Continuamos estimados lectores narrando las hazañas del Prócer Venezolano y Héroe de la Independencia Americana, Francisco de Miranda, que lo llevaran, después de largo tiempo, a la Francia de finales del Siglo XVIII, donde se gesta una revolución que cambiara el curso de la historia y de la humanidad.

Luego de la Batalla de Pensacola, donde España recupera del Imperio Ingles el territorio de Luisiana (Nueva Orleans) y Florida, Miranda quien era un verdadero erudito o sabio de la época aprovecha su estadía en Norteamérica para adquirir nueva literatura que le permita incrementar su ya notable acervo cultural. Libros por lo general prohibidos por la temible Inquisición, cuya lectura es considerada como delito, muchas veces castigada con la pena de muerte. Cajigal y su ejército se retiran a Cuba y con él va Miranda estrenando su rango de Teniente Coronel, impaciente por “devorar” su nueva adquisición literaria. (Todos estos detalles están escritos en su diario que el mismo llamo “Colombeia” y que el héroe escribió durante casi cuatro décadas)

Al llegar a la Isla, la temible Inquisición se lanza contra el oficial venezolano, pero sabe que este cuenta con el apoyo incondicional del Gobernador Cajigal. Así que, el propio Obispo de La Habana, Monseñor Echeverría  viaja a España para denunciar a Miranda ante el  Rey Carlos III, llevando consigo una “verdadera bolsa de veneno” consistente de calumnias, injurias y mentiras. El Rey ordena su comparecencia ante la Corte, lo que obliga a Miranda a convertirse en prófugo de la justicia española, y, llevando consigo (además de sus libros) la semilla del rencor hacia el despotismo español, iniciando así  un viaje que lo llevaría a recorrer parte de los Estados Unidos y casi toda Europa (llegaría hasta Turquía), cultivando la amistad de los más insignes personajes del momento, en U.S.A. asiste a tertulias, reuniones y cenas con el Presidente George Washington y con su entrañable amigo John Adams (quien sería el Segundo Presidente de la Unión). Alterna con el Coronel Knox, visita el centro de estudios y formación militar West Point, y de Boston parte para Inglaterra se entrevista con el Primer Ministro William Pitt, viaja por Europa visitando Austria, Prusia, Italia, Grecia, Turquía. En Rusia, la Emperatriz Catalina II se convierte en su protectora (y para algunos historiadores en su amante), Príncipes, Duques, Condes (y Condesas), oyen, comparten y disfrutan de sus sabias alocuciones.

En 1789 Miranda se encuentra nuevamente en Londres, y desde allí se entera de la revuelta ocurrida en  aquella Francia de Luis XVI,  cuya población había sido sometida a un sistema de producción (vale decir explotación) feudal, donde sus habitantes en pleno se convirtieron en “vasallos” o “sirvientes”, y los privilegios eran totalmente reservados para el Rey y la aristocracia o nobleza. Imposible para un vasallo superar esta condición y su calidad de vida era limitada a la extrema pobreza, cada uno, de hecho, indigente en su feudo. Empeora esta situación, la quiebra económica de la Francia de entonces, producto de su intervención, aliada con España contra  Inglaterra, en la guerra de Independencia norteamericana, y su esfuerzo por mantener territorios en Canadá.

Este insoportable modo de vida sufrido por la población durante siglos, y agravada en los últimos anos,  colmaría la paciencia del pueblo francés, estallando en una rebelión que tiene su momento culminante el 14 de Julio de 1789, con la toma de “La Bastilla”. A partir de este momento una serie de eventos van mermando las facultades de la corona y Luis XVI es convertido en figura simbólica, pues se vio limitado en sus funciones como monarca por la Asamblea, prendiendo las alarmas de las monarquías vecinas: Prusia, Inglaterra, Bélgica y Rusia

Miranda, desde Londres, no puede ser indiferente ante un movimiento que habla de libertad, igualdad y fraternidad y decide jugársela,  presentándose en 1792 en la Francia revolucionaria pero todavía aliada de España cuyo Rey y su Inquisición aun le persiguen con ferocidad. Arriesga así su vida, pero lo atraen los ideales  pregonados por la revolución.

Llega a Paris el 23 de Marzo, y observa que  el reclamo justo del campesinado pidiendo tierras para trabajar, y los burgueses que demandan una cuota de poder combatiendo a la nobleza, se convierte en una lucha a muerte entre los únicos partidos de la revolución: Girondinos y Jacobinos. Establece relaciones con los diputados a la Asamblea Legislativa, los girondinos Gensone, Brissot y Gaudet. Se le señala por tanto como enemigo de los jacobinos, partido que dirige Robespierre.

Desde la Asamblea se constituye la “Comuna” con predominancia Jacobina, y el 20 de Agosto de 1792 encarcelan a la Familia Real, Luis XVI y su esposa María Antonieta.

De inmediato las monarquías vecinas se manifiestan contra la revolución. Desde Austria se prepara una invasión a Francia. Prusia se pliega a Austria, semejante amenaza requiere de medidas urgentes, extraordinarias. El alcalde de Paris, M. Petion,  recurre a su amigo el Coronel Miranda. Ya no se trata de Jacobinos y Girondinos, que se odian a muerte, se trata de la Francia libre, diputados y ministros le solicitan que parta de inmediato para apoyar al General Dumouriez, lo ascienden a General y con ese grado acude Miranda en auxilio de Dumouriez.

Apenas llegado a la frontera, entra en acción, (Europa se convierte en el tercer continente donde Miranda bate sus armas. Hasta ahora, pocos seres humanos se inscriben en esta lista). Miranda comanda dos mil soldados (la mayoría voluntarios sin entrenamiento militar) y el 12 de Septiembre de 1792 enfrenta a seis mil prusianos. Sus profundos conocimientos militares rinden fruto, ubica a sus tropas de manera eficiente, su escasa artillería es la mejor ubicada. El enemigo retrocede. Miranda espera, recupera y repone sus tropas, las reorganiza y avanza hasta alcanzar a los Generales Dumouriez y Kellerman, quienes se encuentran en la ciudad de Valmy frente al ejército prusiano. De inmediato se pone a la orden de estos generales.  El 20 de Septiembre de 1792, comienza un combate entre franceses y prusianos que cambiaría el curso de la historia.

El ejército francés alcanza los 95.000 soldados, en su mayoría voluntarios, sin entrenamiento militar, frente a ellos, Federico II y el Duque de Brunswick comandan el ejército prusiano,  160.000 tropas profesionales, entrenados, con experiencia militar, mejor dotados.

Miranda comanda el flanco derecho, se ve en la necesidad de detener dentro de sus filas intentos de deserción a punta de sablazos. Dumouriez dirige la batalla, ataca con decisión. La batalla se limita al uso de la artillería. El enemigo se da por vencido. Los prusianos capitulan.

Dumouriez reconoce el arrojo y el valor de su Mariscal Miranda. Lo asciende a Teniente General. La batalla de Valmy  queda para la historia como el “antes y después”. Las monarquías europeas retroceden por completo ante la recién nacida Republica de Francia, realizaran tímidos ataques como el de Amberes, el 29 de Noviembre de 1792, donde nuevamente se presenta Miranda, y otra vez, la victoria. Magnifica gloria, que colocaría otro laurel en su frente para la eternidad.

En los  años  siguientes Miranda se desencanta de la revolución. El poder lo toman los Jacobinos. Napoleón Bonaparte da un golpe de Estado y se hace llamar Emperador. Miranda, que se encuentra en Paris, observa con dolor y tristeza como el despotismo usurpa el poder, en franca oposición a sus principios de libertad e independencia. Se retira a Inglaterra, luego Estados Unidos y  dirige sus pasos en pro de la Independencia Suramericana.

Con el paso del tiempo, la república francesa erigirá un monumento que conmemora y honra a sus héroes de la revolución. Así Francisco De Miranda se convierte en el único hispano que grava su nombre en el memorable “Arco de Triunfo” en Paris, lo cual nos llena a todos los hispanos de mucho orgullo.

Es un honor estimados lectores de Somos Virginia el poder describir y compartir con ustedes momentos históricos de gran importancia. Continuaremos este viaje a través de los años en nuestra próxima publicación de ‘UNA CITA CON LA HISTORIA’.

Articulo por: William Villarreal

Ingeniero y Profesor Universitario

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